Capítulo 42.
-Gracias, Lou. – Me agradecí bajándome del coche justo en su puerta. Él estaba acompañado de Amy a la que acercaría ahora a su casa. – Os quiero. – Dije sacudiendo mi mano.
Empecé a andar lo más apresuradamente posible. Justo, en ese instante, un hombre acababa de pasar al portal y me sujetaba la puerta. Corrí lo más rápido que pude y, sofocada, entré en el portal.
-Gracias. – Me agradecí.
Él me sonrió y pasó al ascensor en donde yo también me monté.
Ambos estábamos en tensión. Ninguno sabíamos dónde mirar y yo opté por mirar al numerito del ascensor “Clink” Mi piso primero.
-Buenas noches. – Me despedí y salí.
Cogí aire apoyando mis manos en mis rodillas cuando el ascensor se cerró de nuevo. Estaba agotada. El viaje, la carrera, la hora que era…
-¿Qué haces aquí? – Exclamó Niall saliendo con una chaqueta de cuero en la mano de su casa.
-¡Niall! – Exclamé aún cogiendo aire.
-¿Qué te pasa? ¿Estás bien?
-Sí, sí. – Dije.
-Iba a buscarte.
-¿A estas horas?
-Podría preguntar qué haces a estas horas tú aquí.
-Mi madre me dijo que necesitabas hablar conmigo.
-Así es, pasa. – Dijo empujando de nuevo la puerta y dejándome paso.
Retomando un poco la compostura, entré de nuevo.
Miré de nuevo ese piso, de un lado para otro. Hacía tanto que no lo veía, y todo lo que habían cambiado las cosas desde entonces.
-Siéntate. – Me ofreció Niall.
Le hice caso y recogiendo mi bolso, me senté en el sofá.
Él me imitó colocándose en una silla frente a mí.
¿Qué me tendría que decir? La cosa estaba bastante fría y ni si quiera me había besado.
-Niall, se me va a salir el corazón. Dímelo ya.
Él rió cosa que me tranquilizó bastante.
-Verás. El hombre que se encargó de organizar esa inauguración en París, se puso en contacto conmigo. Bueno, él directamente no. Hablaba con un muchacho español que me iba traduciendo todo lo que el jefe de bigotes alargados me decía.
Asentí sabiendo que eso que me acababa de decir era para marear la perdiz.
-Me dijo que se sorprendió del éxito que tuvo tu cuadro. Todos se paraban a contemplarlo ya que era como una fotografía. Así que, me ofreció proponerte que tu cuadro visitase todas las exposiciones de este tipo de toda Europa. Él se encarga de pagarte todos los gastos hasta que tengas el suficiente dinero para pagártelo tú.
Me quedé sorprendida. ¿Enserio pintaba tan bien como para que alguien que ni si quiera me conocía quisiese invertir todo ese dinero en mí?
-Niall, yo… La pintura es como un hobbie. Nada más.
-Pero, ¿quién te dice que no seguirá siendo tu hobbie? Tienes mucho talento. Debes aprovecharlo.
Le miré y me quedé pensando. Tenía muchas ventajas pero también muchas otras desventajas. El ir a cada exposición y estar viajando constantemente significaba no estudiar ni graduarme. Pero, ¿y si de verdad me facilitaba la vida mi talento? Podría ganar mucho dinero y, estuviese donde estuviese, hacer feliz a mi abuela.
Sonreí.
-Está bien.
-¿Enserio? – Exclamó Niall levantándose y abriendo los brazos en signo de alegría.
-Sí. Enserio.
Me levanté y le acepté ese abrazo en el que me rodeó fuertemente con sus brazos.
-Pero, ¿iré sola?
-Creo que puedo acompañarte. Soy el que se supone que llevó el cuadro hasta allí. Podríamos llamarlo… - Niall se puso el dedo índice en la barbilla. - ¡Tu representante!
Los dos reímos. Ese chico me transmitía tranquilidad y amor, mucho amor. El irme por toda Europa a su lado, pintaba muchísimo mejor.
-Pero, ¿enserio quieres arriesgar tu vida, tu rutina… todo?
-Sí. Por ti arriesgaría todo y más. Pienso acompañarte a cumplir tu sueño. Te lo prometí.
Sonreí. Los dos nos mirábamos sin saber que decir. Los dos derrochábamos felicidad. Nos queríamos, estaba claro. Después de un rato, le comencé a besar apasionadamente. Con más ganas que nunca. Ese chico me ayudaría a cumplir mi sueño y era lo único que me faltaba para ser realmente feliz.
Comencé a besar sus labios más deprisa y fui deslizándome hasta el cuello. Allí bajé hasta el pecho donde le levanté la camiseta.
-¿Estás segura? – Me preguntó.
-Más que nunca.
Él levantó sus brazos y dejó que su camiseta abandonase su cuerpo y aterrizase en el suelo de ese salón.
Él me imitó y quitó mi camiseta dejando al descubierto mi sujetador. Le agarré la mano y le conduje hasta la habitación donde ambos nos lanzamos a la cama, sin dejar ni un segundo de besarnos.
Sus manos recorrían todo mi cuerpo manifestándose en caricias. Yo le miraba directamente a los ojos, él estaba encima de mí. Sus ojos azules aún seguían impresionantes, y más desde ese punto de vista que jamás había visto a cualquier otro chico. La oscuridad no podía esconderles, ni si quiera podía esconder esa majestuosa belleza que no se le quitaba.
Cuando nuestros cuerpos estaban a punto de unirse, él busco mi mano que acariciaba sin cesar su espalda y la entrelazó apretándola fuerte.
-Te quiero, ____ . Eres alguien que nadie jamás podría igualar y disfrutar al igual que lo haré yo el resto de mi vida.
Una leve queja de dolor salió por mi boca accidentalmente.
-Eres “Alguien que, aun que muchas personas quieran e intenten hacerlo, nadie, nadie podría comparar.” -
Añadió.
Esa frase fue exactamente la que ponía en la inauguración de París. La frase que ponía al lado del cuadro.
Niall, ese chico que, fuese la situación que fuese, en el rincón del mundo que estuviese, en el momento que fuese, me sorprendía.
Y pensar que todo empezó en la puerta de mi casa, un día caluroso y odioso de Junio, cuando ese chico encontró mi corazón y ya no lo abandonó jamás.
-¿Quién eres?
-Niall, Niall Horan. – Ese magnífico acento penetraba en mi oído como la melodía más perfecta que jamás hubiera podido escuchar.




